jueves, 11 de febrero de 2016
agresividad
Cuando entrenamos en el gimnasio o en el dojo, podemos caer en una dinámica de entrenar con cierta velocidad y potencia, pero sin una cualidad que la necesitamos en una situación real de pelea: la agresividad. Lo he comprobado recientemente en mis propias carnes. Soy una persona poco violenta, que no me gusta la violencia, que no me gusta pelearme. Pero cuando por un motivo de fuerza mayor ha sido imposible evitarlo, me ha faltado la agresividad. ¿Cómo afecta la agresividad?
Cuando vas a pelear en la realidad el ataque es siempre avanzando, y con una combinación de golpes que no de respiro al contrincante. Si no hay explosividad y continuidad, no hay agresividad. Y si no hay agresividad por tu parte, pero el otro sí la tiene, te puedes dar por vencido. En mi caso, lamentablemente, no tengo agresividad ni soy capaz de mostrar algo parecido. Es mi derrota.
Esto no significa que haya que ir buscando gresca o pelea. Es sólo cuestión de que cuando hay que pelearse, hay que pensar en ganar, no en matar, ni en lesionar al otro, sólo en vencer mediante la violencia, reducir y calmar al otro. Sólo en casos muy extraños y en defensa propia es necesario ir más allá. Agresividad, pero no ser dañinos, no ir con mala idea.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)
