viernes, 3 de octubre de 2014

Mi camino de la mano vacía.

La primera entrada de este blog iba a estar dedicado a otras cuestión muy distitna, pero dado cuál es el título del blog, qué menos que empezar a hablar de mí mismo o, quizás mejor, de mi camino.

Hace ocho años por mudarme dejé la práctica del Kenpo Karate Americano, o Kenpo de Ed Parker. Sevilla, la que fue mi destino, no tenía ningún gimnasio en el que se practicara y me desanimé. Ahora, por fin, he vuelto a practicarlo, pues han sido ocho años echando de menos aquel que fue un camino que comencé casi sin quererlo y que tuve que abandonar. He descubierto que aún no lo había hecho mío, pero hubo una semilla que plantó en mí dicho sistema y nunca se secó. Ahora, tras llevar unas semanas en ello, me veo con la capacidad moral de poder decir que no me he equivocado al retomarlo. Nunca es tarde.

Cuando dejé el camino estaba muy cerca del examen para cinturón naranja. Actualmente estoy puliendo el programa para poder realizar el examen. 37 técnicas, 2 sets y 2 formas entran en el examen. Pero hay algo más, madurez e ilusión que han crecido en mí, o eso considero. Ahora debo aprenderme bien el orden y nombre de las técnicas, atender a los detalles y cuando el maestro lo vea conveniente, me examinaré, asumiendo la responsabilidad que conlleva, y no pequeña, examinarte de un cinturón. Pues no es baladí esto que digo de la responsabilidad, ya que el cinturón, aunque su función principal sea la de sujetar la chaqueta, no deja de ser un símbolo que representa un estadio en el camino, en el que se supone que has alcanzado unos objetivos y una madurez. No quiero recibir un cinturón que no me merezca. Ahí está el objetivo, en luchar contra mí mismo para acabar con aquello que me impide avanzar. Alcanzar la madurez y el conocimiento, el único objetivo de cualquier artista marcial en su propio camino.


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